domingo, 9 de diciembre de 2007

EDITORIAL DEL DIARIO LA NACION "TODOS LOS MUERTOS MERECEN TENER UN LUGAR EN LA MEMORIA"

Las víctimas del terrorismo, olvidadas
Su mirada es limpia, profunda, dulce. Pero habla con la fuerza de los que se comprometen más allá de la comodidad y el aplauso. La contemplo en su juventud hiriente, bella, frágil, y algo parecido al sentido materno me inspira un instinto de protección que nadie me ha pedido. Sin embargo, Victoria Villaruel no desea ser protegida, sino escuchada, y su causa fluye por su verbo atropelladamente, casi sin aliento, quizás acostumbrada a tener pocas oportunidades para ser oída.
Estamos en el vestíbulo de los despachos de un amigo, y cuando Victoria ha acabado su explicación, la atmósfera se torna densa. Me dice, con el hilo de una tristeza infinita: “¿Nadie me escuchará?”. Noto un rasguño en la conciencia.
Me habla de mujeres que murieron un día cualquiera, caídas bajo balas que no llevaban sus nombres; ellas acompañaban a sus maridos, a sus hijos, a sus vecinos. Me habla de esa niña de 3 años, la primera víctima. Me habla de Patricia Gay, de sus padres asesinados ante su mirada adolescente, de su suicidio posterior. Me habla de jóvenes soldados, salidos de la pobreza norteña para ganar una comida caliente y unos pesos seguros. Jóvenes del pueblo más llano, asesinados bajo la etiqueta de “enemigos del pueblo”.
Me habla de ese periodista… y de la bomba..., y de tantos, y la muerte se acumula en la estancia con la temible fuerza arrolladora que la define.
Fueron cientos, la mayoría asesinados antes de la dictadura, víctimas de una revolución que clamaba por la vida, pero hincaba sus pezuñas en el odio. En esta Argentina torturada, cuya dictadura sangrienta, malvada y feroz dejó un reguero de sangre, dolor y rabia, existieron víctimas distintas de las víctimas oficiales, víctimas que no tienen su lugar en la memoria, ni reciben el aplauso oficial, ni salen en las lágrimas públicas. Víctimas que aún se esconden por los rincones de la clandestinidad, como si fueran responsables de su propio asesinato, como si, por haber sido escogidas para morir, tuvieran culpa. Víctimas convertidas en victimarias. Esas víctimas reclaman, desde la oscuridad del olvido, su hueco en la historia de la Argentina. Y, sin embargo, aún no lo tienen.
Me dicen los amigos: te metes en un hormiguero. Sin duda, sobre todo porque soy una extranjera pisando minas de tiempo, y si los propios argentinos aún no han hecho las paces con su memoria –su memoria al completo–, ¿quién es nadie ajeno, para venir a pasar cuentas?


No es ésa la arrogancia de este artículo. Al contrario, parto, si me permiten, de un ejercicio de autocrítica severo y humilde. En España tardamos mucho en descubrir que la maldad del franquismo no justificaba otras maldades. Luchamos como supimos –mal y a destiempo– por recuperar unas libertades que llegaron cuando el dictador murió en la cama. Durante esos largos años de persecuciones, cárcel, exilio y muerte, todo lo que se escondía bajo el paraguas del antifranquismo merecía la etiqueta de heroico y de justo. Y así, nos tragamos el malvado sapo de las bombas de ETA, hicimos borrón a los desmandes trágicos de la República, olvidamos a las víctimas del otro lado y convertimos la realidad española en un mapa maniqueo de buenos y malos.

Por supuesto, el franquismo fue, como toda dictadura, intrínsecamente malvado, y nada justifica ni uno solo de sus abusos, sus atropellos y sus violencias. Mi familia, en este sentido, sabe muy bien de qué hablamos. Pero ni todo fue heroico en el otro lado, ni todo fue justo, ni todo es justificable. Muy al contrario, bajo la noble pancarta de la lucha por las libertades, se escondieron discursos y personas que nunca amaron a la libertad, pero que la usaron como eficaz y violenta excusa. El ejemplo más atroz de ello han sido las víctimas de ETA.

Durante años, y hasta bien entrada la democracia, los familiares de las víctimas de ETA tenían que esconderse bajo los rincones de la vergüenza y el silencio, no reconocidas por casi nadie, culpables de haber merecido la diana que un etarra cualquiera, desde su zulo de muerte, les había pintado. Me avergüenza decir que la sociedad española fue largamente injusta con las viudas, los hijos, los amigos, todos los que perdieron a un ser querido, a causa del terrorismo vasco.

Y si abrimos el melón de los actos violentos de la guerra civil, aún cuesta, en el lado progresista, reconocer a las monjas, a los curas, a los disidentes que las patrullas revolucionarias mataban en las noches de saqueo, mientras gritaban “¡muerte a Franco!”. Ser meridianamente claro en la denuncia de la maldad de una dictadura nunca puede implicar amnesia con la propia responsabilidad, desprecio a las otras víctimas, las que generó el bando “amigo” y, sobre todo, justicia de doble moral. Ese error trágico, malvado para todos los que sufrieron, lo cometimos durante décadas.

¿Cuál es el error que cometen ustedes, los argentinos? Por supuesto, ésa es una pregunta cuya respuesta sólo puede surgir de los propios argentinos. Pero me atrevo a sugerir algunas ideas críticas, quizás abusando del amor por este país y de la complicidad que he ido tejiendo con su historia.

La primera idea fundamental es que no hay víctimas buenas y víctimas malas. Las víctimas lo son integralmente, más allá de quiénes apretaron el gatillo. La víctima de una dictadura no es más víctima que la que cayó bajo las balas de un grupo de terroristas, decididos a imponer, con la violencia, sus ideas revolucionarias. Perpetrar todo un edificio de memoria y dignidad, expulsando de ese edificio a una parte sustancial de los que cayeron, es construir sobre barro. Peor aún, es intentar hacer justicia con cimientos injustos.

Si, además, se abre en canal el pasado, se juzga a los criminales, se levantan las amnistías, pero todo ello se hace con la mirada tuerta, sólo hacia un lado de la balanza, entonces se consolida otra forma de maldad. No se hace justicia. Se perpetra venganza.

Ya sé que a estas alturas del artículo, muchos se sentirán escandalizados. “No es lo mismo un dictador, que un revolucionario”, gritarán indignados. No. Son dos formas distintas de violencia. Pero ambas dos son violencia. Nadie dio permiso a los militares para secuestrar, asesinar, torturar a centenares de personas. Ello es tan evidente, que no está sometido a discusión, y no puede quedar impune. Sin embargo, ¿por qué es tan difícil afirmar que tampoco, nadie dio permiso a un grupo de iluminados para que se fueran a las montañas, mataran a decenas de personas y crearan un clima de terror?

Mi amigo Iván me cuenta cómo aprendió, de niño, a tirarse al suelo, cuando jugaba en la calle y aparecía, por la esquina, una furgoneta negra. Ese clima de terror en nombre de una revolución, cuya ideología era totalitaria, ¿quién tuvo el permiso de crearlo? ¿Quién les dio permiso a los Firmenich para decidir la muerte de padres, hijos, maridos de decenas de argentinos? Y, si ello es así, ¿cómo puede construirse el futuro sobre una parte de la memoria trágica ignorando, ninguneando, despreciando a la otra? ¿Cómo pueden quedar impunes los “otros” crímenes, los “otros” culpables?

“Sólo queremos que nuestras víctimas existan como víctimas.” Sólo un rincón en la memoria. Victoria Villaruel preside el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas y, hoy por hoy, su lucha es casi clandestina. Por no tener, no tiene ni derecho a visita oficial, señalada como apestada por una dirigencia que ha decidido reescribir la historia con renglones torcidos. ¿Su culpa? Recordar que, más allá de las víctimas caídas bajo la maldad tiránica, existieron víctimas caídas bajo la maldad revolucionaria. Y ese recuerdo es, según parece, un anatema, quizá porque determinada izquierda ha impuesto la inmoralidad de la doble moral. Una forma de mentir sobre la Historia.

Hay víctimas, pues, en esta Argentina que tanto habla de víctimas, que no tienen quién les escriba. Pero están ahí, sin ojos, sin manos, sin recuerdos, sin palabras. Están ahí, y sus silencios pesan como si fueran gritos.

Por Pilar Rahola Para LA NACION
La autora, española, es periodista y filóloga.



Pilar Rahola y Victoria Villarruel


Pilar Rahola nos recibió un día de noviembre en Buenos Aires. Se hizo un tiempo que no tenía en su cargada agenda para escuchar la historia de las víctimas del terrorismo de Argentina. Nos escuchó con paciencia, con comprensión, no juzgó nuestro dolor, ella sabe que el dolor no tiene ideologías... tiene víctimas y victimarios.

Y las víctimas del terrorismo luchan diariamente para que el olvido, la censura, la indiferencia y la manipulación de la historia argentina no vuelva a atacarlas otra vez.

Al día siguiente de nuestro encuentro, Pilar fue invitada al programa del Dr. Grondona, donde explicó sin ambages ni doble moral, el drama en el que están sumidos miles de argentinos que han perdido a un ser querido a manos de las organizaciones terroristas.

El día viernes 7 de diciembre, Pilar nuevamente le otorgó voz a las víctimas del terrorismo, en un país donde haber sido víctima de Montoneros o ERP, es causal para ser culpable de algo... No importa que las víctimas fueran miembros de la población civil y no combatiente, lo que importa es que nunca surjan, que nunca puedan tener sus derechos humanos... hoy gozados por muchos de los que ocasionaron el eterno dolor del que sufren.

Lo importante es que los argentinos y extranjeros que sufrieron los 21.642 atentados terroristas, nunca puedan manifestar, pedir, hablar... hoy tenemos un terrorismo distinto al de las armas, es el terrorismo que impide que uno piense distinto, es el terrorismo que impide que uno pida Verdad, Justicia, Reparación y Paz para Argentina!


Victoria Villarruel
Presidente de CELTYV - Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas

6 comentarios:

Juan Manuel dijo...

Excelente el editorial y muy valiente. Debería ser material de consulta para todos aquellos que opinan sobre derechos humanos sin tener muy en claro de qué están hablando.
He enviado al respecto una carta de lectores a La Nación donde, entre otras cosas, afirmo que un derecho ejercido sólo por una parte de la sociedad y negado a otra, no es un derecho sino un privilegio.
Tal vez sea publicada, en caso contrario puedo hacerles llegar su texto íntegro si fuera de v. interés.
Saludo atte.
Juan Manuel Otero

CELTyV Argentina dijo...

Juan Manuel: te agradecemos por habernos escrito. El CELTYV es un espacio para que todos aportemos nuestro granito de arena para el reconocimiento de los derechos humanos de las víctimas del terrorismo y para la difusión de la verdad histórica, así que esperamos tu carta y cuando quieras participar más activamente, te esperamos!!!

alvaro leiva dijo...

No hay mucho mas que decir, en realidad sí muchissimos más, pero mi intención de hacer el comentario es que la nota la subi a www.igooh.com.ar
que es un espacio donde cada quien escribe lo que quiere, depende del Diario La Nacion,tambien mande a la redaccion de nuestro Dialrio el Liberal de Santiago del estero. Ojala lo publiquen, cualquier cosa les envio el archivo
Cariños
alvaro Leiva
sanc@tutopia.com
alvarosleiva@gmail.com y pueden visitar nuestro foro
www.foroambientalistasantiago.blogspot.com

Anónimo dijo...

Todo lo que hacen los "jóvenes idealistas" es seguir generando odios.
Y esos odios generarán un período de venganzas.

Marcelo dijo...

Que excelente nota, felicitaciones a la Sra. Rahola y a la Sra. Villarruel, que es un ejemplo de lucha!

Paola dijo...

hola les escribo desde puerto belgrano el 4 de enero nos dejaron una carta/amenaza a mi familia con la finalidad de que dejemos o textuales palabras "a la organizacion con destino gran buenos aires/ o mar del plata $60.000 en tal lugar con la finalidad de ayudar a "su causa"dicen que luchan por una causa justa y que tienen un importante servicio de inteligencia.
con esto en la carta ponen datos familiares presisos pero no entendemos su finalidad (por supuesto q nos quieren e incluso amenazan con muchas cosas hacia la familia)nosotros solo trabajamos con personal militar en puerto belgrano.tal vez ese sea el odio y rencor que esta gente dice tener a nuestra familia dicen q no llamemos ni digamos nada a nadie porq uno de ellos q caiga son dos de nuestra familia.
no puedo creer q todavia este este tipo de gente pensando en amenazas como si ya no fuera suficiente todo lo q hicieron.pregunto?esta mal ser familiar militar?esta mal querer a las fuerzas?esta mal ser amigos de oficiales "gordos"(asi ponen)
pues parece q si ...porque dicen q si decimos algo a la policia.medios etc. se pondra la cosa violenta !!!!
nos dan un tiempo para darles la plata pero nosotros ni sabiamo q estas organizaciones estaban todavia!!! en vigencia
les pregunto por favor a quien sepa si saben algo sobre esas personas actualmente ¿hay todavia ERP ?como firman el el final de la carta ? saben si hay todavia gente descarada como esta queriendo sacar plata mamenazando mandando cartas con estas siglas ????les pido por favor me informen si tienen conocimiento de esto ya que nosotros ni sabiamos .la carta finaliza asi...E R P desde ya les agradesco a todos los q me den informacion nosotros no avisamos anadie pero amenazan con tantas cosas q no sabemos q hacer desde ya muchas gracias
!!!!!

ESCRIBINOS